CAPILLAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPILLA MAYOR

La edificación de la Capilla Mayor fue de las primeras obras que los frailes se proponían realizar en su nuevo convento. A tal fin se había comprometido el fundador Castro Ayala. Sin embargo, como pasaba el tiempo sin cumplir esta obligación, el obispo García Ximénez subió a La Laguna el 15 de junio de 1680, después de ver el retraso de esta construcción y solicitó a aquel señor que cumpliese su obligación de levantar dicha capilla. Don Tomás prometió que del primer navío suyo que llegase de Indias daría 11.000 reales de plata para esta obra.
 

Sin embargo lo cierto es que la fábrica de la capilla Mayor no se realizó hasta treinta años después, ignorándose las razones por las que el patrono no cumplió lo pactado. En 1710 aparecen en los inventarios noticias de estos trabajos donde se han invertido los 3.000 reales que dio el obispo Ximénez.

 

En 1715 se continua trabajando, levantándose hasta la cornisa; a su vez se ha traído la cantería para el arco triunfal, que se haya sentado ya en 1718, al igual que las paredes acabadas, con una ventana de luz; para esta obra se ha gastado 4.000 reales de plata.

 

En 1721 se aumenta la altura del presbiterio con nuevas trazas, se abren cuatro ventanas y se cierra la capilla con techumbre de madera artesonada y tejada, con 1.700 reales que trajo fray Cristóbal de Arocha del Nuevo Mundo.

 

Todo el resto de la construcción lo costeó el nuevo obispo del Archipiélago D. Antonio Conejero de Molina, quien había tomado por residencia este convento.

 

Es a partir de los inventario correspondientes al trienio del 1727 al 1730 cuando aparecen por primera vez noticias del retablo Mayor, quedando terminado el primer cuerpo. En 1733 se traen seis varas de cantería de Gran Canaria para fundamento del retablo, acabándose de construir el 30 de abril de ese mismo año.

 

El dorado se había comenzado desde 1736, por el nicho y peana de la Purísima, en lo que se invirtieron 2.230 reales. Nuevamente hay noticias de dorado en el año 1780, con un costo de 1.251 pesos, momento en que se reforma también el sagrario, adornándose con nubes y tres cuartos libras de plata, si bien éste debe haberse realizado en su traza original antes que el retablo, ya que en 1727 se contabilizan 160 reales en el dorado del sagrario.

 

Este retablos obra de las más bellas que nos legara el barroco canario, es muy similar en traza al de la Concepción, siendo ambos contemporáneos. Es por esto que, a pesar de estar en ambos anónimo su realizador, deben de pertenecer a un equipo de expertos retablistas con uno o dos maestros al frente, establecidos en Santa Cruz en el segundo cuarto del siglo XVIII, época de florecimiento comercial en este puerto.

 

La traza ofrece algunas características principales como son el uso del estípite-atlante o telamón y, sobre todos el rematar las calles laterales con espléndidos medallones de relieves.

 

Se trata de un retablo de un sólo cuerpo con ático, con tres calles con hornacina limitada por columnas salomónicas.

 

Está trabajado con madera de barbusano, y sus medidas son, más o menos, ocho metro de largo por once de alto.

 

La calle central, mucho más ancha que las laterales, facilita un gran despliegue de la hornacina, que rebasa el entablamento con su arco trilobulado de rico molduraje. Aparecen también aquí los estípites haciéndole de jambas: apoyando en un amplio pedestal bulboso que parte del banco, realizan el paso hacia el ángel telamón a través de gruesa talla de inflorescencias y triples caulículos superpuestos. Los ángeles de delicada compostura por la dulce inclinación de sus cabezas, aupan con sus manos el primer cuerpo del capitel, sobre el que carga un rico entablamento de sección trapezoidal. Cada hornacina lateral se franquea asimismo con estípite telamón, de decoración muy acartelada, pero en ellas el ángel mantiene sus brazos caídos y manifiesta una total frontalidad.

 

En el ático perseveran los estípites sustituyendo a los machones ahora sin telamón, pero igualmente dotados de ornamentación de gruesa talla. A sus lados, dejando una estrecha entrecalle, coexisten aquí las columnas salomónicas, muy casadas y enguirnaldadas.

 

Una gran originalidad supone para el Archipiélago la adición de los dos medallones con relieves, de figura elíptica pero con cierta presencia óptica de lóbulos por la molduración vegetal que la define, situados a plomo de las calles laterales. Los retablos de esta tipología, principalmente por la aparición de tales medallones, los pabellones que sirven de guarnición al ático y hornacinas, desprendiéndose de corona, y los pedestales bulbosos, son de clara filiación andaluza.

 

En relación con este retablo hay una detallada descripción que realizó el investigador que fue Sebastián Padrón Acosta, cuyos párrafos más significativos transcribo a continuación:

 

“El banco está limitado en su parte superior por una cornisa. Sobre él se superpone el cuerpo principal, que consta de tres compartimentos. El del lado del Evangelio tiene en su parte central un nicho que descansa sobre una repisa. De ésta surgen dos columnas estilizadas (así denomina a los estípites) de cuyos fustes forma parte un ángel que con cabeza y manos sostiene el capitel. Junto a estas columnas se yerguen otras salomónicas ...

 

Entre los capiteles de éstas, y sobre la parte superior del nicho se abre una gran concha seccionado en sus extremos, dentro de la que, sobre un relieve de forma oval, puso el artista la cruz del escudo franciscano. La concha es elemento decorativo, acaso por predominar en ella las formas curvas. A ambos lados de esta se esculpen dos racimos de uvas, bastante estilizados. El compartimiento del lado de la Epístola es igual, si se exceptúa que el tallista, donde antes había puesto la cruz, pone ahora elementos franciscanos: los dos brazos, el desnudo de Cristo, y el vestido brazo de S. Francisco ...

 

El painel central ostenta un gran nicho, limitado por las columnas estilizadas ya descritas. En las paredes interiores del nicho espejos circulares y cuadrados ...

 

Los nichos laterales tienen cada uno dos espejos circulares a derecha e izquierda de la imagen. Este elemento de decoración no lo habíamos visto en ningún retablo hasta ahora. Las columnas sostienen un frontón que se curva y se rompe para recibir en el medio un bajorrelieve de tema franciscano: el abrazo de Sto. Domingo y S. Francisco.

 

Los estofados de los hábitos monacales acusan una magnífica técnica. Sobre las cabezas de los dos santos se abre un pabellón cuyos extremos recogen dos ángeles. Remata el pabellón una corona de la que salen elegantes follajes.

 

A los lados del bajorrelieve, sobre las dos secciones del roto frontón, se sientan dos ángeles. Dos racimos de uvas aparecen a ambos lados del relieve.

 

El ático es el de más valor artístico; lo forman tres tableros. El del lado del Evangelio es un medio relieve que está sobre un fondo que imita seda de damasco rojo, dentro de un marco curvilíneo. El fondo es verdoso con un S. José, en cuyo negro zapato del pie izquierdo se apoya la florida vara, coronado con una diadema de rosas. Un grupo de querubines circunda la cabeza. El tablero del lado de la Epístola tiene un S. Antonio que porta un nimbo.

 

El tablero del centro es un alto relieve, La Anunciación. La figura del Arcángel es gallarda y expresiva y el estofado de sus trajes maravilloso. En lo alto, el Espíritu Santo. El alto relieve esta encuadrado con dos columnas estilizadas que sostienen un arco de medio punto. Sobre los capiteles de éstas se sientan dos ángeles que tocan sendos violines. Dos columnas salomónicas separan dos tableros laterales del central. Sobre el alto relieve se superpone un bajo relieve con la Virgen de la Soledad que viste blanca túnica y manto negro. Sobre la túnica, la corona seráfica. El pensamiento del tallista al esculpir este bajo relieve fue recordar la patrona de la antigua ermita sobre la que se construyó la iglesia conventual. Dos ángeles sostienen la diadema de la Virgen. El bajorrelieve tiene a ambos lados dos racimos de uvas. Por encima hay una gran decoración de follaje.

El retablo remata luego en una esfera coronada con una cruz ...

 

El retablo se destaca por la riqueza y variedad de la decoración sin que el elemento arquitectónico se pierda dentro del elemento decorativo, que en este caso es barroco avanzado. Las formas se tratan con bastante libertad.

 

Los capiteles de las columnas salomónicas del nicho central son de orden compuesto, y tienen bajo la serie de ovas sendas sartas de perlas; sobre relieves ovales aparecen emblemas dominicos: una pequeña iglesia y la estrella, También instrumentos de la Pasión: el clavo, la esponja, la escalera; símbolos marianos: el pozo de Jacob, la rosa, la palma, la estrella, el lirio. A su vez hay guirnaldas de flores y follajes...

 

Las volutas de los capiteles se diría que están inquietas dentro de sus cánones, y que intentan desenvolverse y salir del retablo. Las figuras de los relieves tienen naturalidad. Los ángeles es lo único mediocre. Las telas se tratan con afán barroco, aunque sobriamente.

 

La composición del retablo es admirable y su ejecución es obra digna. El movimiento agita y riza toda la labor escultórica. La más exacta unidad preside todos los elementos arquitectónicos.

 

El retablo de la iglesia de S. Francisco es uno de los mejores de nuestras islas, y señala el movimiento cumbre del arte barroco en Canarias.”

 

Poseía el altar Mayor un tabernáculo de plata repujada, cuyas planchas fueron confiscadas por el crédito público en 1835.

 

El manifestador actual es reciente, de 1958, y guarda paralelo con el antiguo a pesar de su modernidad es obra notable: es de tipo baldaquino, levantándose sobre cuatro columnas salomónicas, que se acomodan, en su plano de distribución, a la planta trapezoidal; tiene rompimiento de cielo aureolado poblado de angelitos, que constituye la elíptica corona. A pesar de su pequeña escala es nimio y perfecto en cada uno de los elementos y detalles que lo integran, tanto en la decoración de vid (uvas, pámpanos, zarcillos) que sigue la torsión en su garganta, como en la miniatura de los capiteles, los arbotantes avolutados que apoyan sobre la cornisa y la serie de guirnaldas que se comban en la dinámica cúpula.

 

CAPILLA DE LA VIRGEN DEL RETIRO

La historia de esta capilla está relacionada con la Orden Tercera franciscana. Esta Orden solía tener en Canarias capilla propia, generalmente adosada a la iglesia conventual, y fabricada en terreno cedido o comprado a la Primera Orden.
 

En Santa Cruz, la V.O.T. procura casi desde el principio la consecución de su capilla. En el libro de fábrica de la capilla colateral del Evangelio, en el año 1712, consta que los terceros aportan 662 reales de su caja. En 1717 aportan nuevamente todas las sobras de su caja, y empiezan la recolección de limosnas.

 

La capilla quedó concluida en 1718. El inventario de ese año dice: "A si mismo los hnos. Terciarios acabaron su capilla de paredes, con una puerta que sale a la calle, y una ventana de luz".

 

El 24 de septiembre de 1723, congregado el convento, siendo secretario fray Antonio Burgos, se hizo donación perpetua irrevocable a la Orden Tercera de la capilla del Retiro.

 

Entre los años 1743-44 figura que se han recogido 2.992 reales para el dorado del retablo de la capilla, por lo que debió de acabarse en fecha próxima anterior.

 

Este retablo se puede incluir en los de técnica de línea y decoración que se va acercando al rococó hacia mediados del setecientos.

 

Los pedestales comienzan en é1 a dotarse de decoración con borlas. Los estípites, especialmente loa laterales, se ornamentan con formas acorazonadas y espejos de los que penden guirnaldas. La solución trilobulada de la hornacina no se limita al arco de cierres sino que invade incluso la cubierta abovedada interior. La zona central del segundo cuerpo, aunque sólo se destina a contener "caja" con lienzo, remata en cornisa poligonal con la guardamalleta correspondiente, para determinar un no muy desarrollado cortinaje de tímido pabellón, y algunos motivos decorativos que no muestran aún una abierta asimetría.

 

Además, conviene prestar atención a los paneles del banquillo bajo los lienzos laterales del segundo cuerpo, en los que aparecen motivos ornamentales en forma de S, como estrigilos, en este caso de posible influencia lusitana. Tiene puertas practicadas en el banco.

 

En el nicho central se encuentra una imagen atribuida a Luján, la Virgen de Dolores.

 

 

CAPILLA DEL SEÑOR DE LAS TRIBULACIONES

Al mismo tiempo que se construye la capilla colateral del Evangelio, se acomete la realización de la capilla en el lado de la Epístola.
 

Si la primera se hace con los dineros de los hermanos terceros franciscanos, ésta es fundación de los franceses establecidos en el que era floreciente puerto, y más concretamente de D. Esteban Porlier (1682-1739), Caballero de las órdenes de S. Lorenzo y Monte Carmelo, y Cónsul Gral. de Francia, quien fue enterrado frente al altar.

 

Este la fabricó entre los años de 1721-229 de tal manera que en el inventario de 1724 aparece ya "acabada de paredes, madera y encalado".

 

Era deseo del cónsul que esta capilla fuese para la advocación de S. Luis, en honor al Rey de Francia. Así el señor Porlier dota la capilla con una imagen de este santo por escritura, el 3 de abril de 1721.

 

El hijo del fundador, el regidor Juan Antonio Porlier cedió esta capilla a la nación francesa, por escritura a 12 de agosto de 1759, lo cual no dejó de ocasionar algunos roces entre las personas que luego se consideraron con algunos derechos a su propiedad, como el litigio ocurrido en 1774 entre Pedro Leconte, cónsul francés, y el comerciante Juan de Escabel.

 

Para esta capilla se hizo un retablo durante la sexta década del siglo XVIII. Es un buen ejemplo del arquetipo de placas recortadas y adheridas. Continúa en é1 la fórmula de las puertas practicadas en el banco. Pedestales, estípites, entrepaños, enjutas, frisos, remate, se llenan de las dinámicas y sinuosas siluetas (de dorado contorno) de los recortes.

 

En la hornacina central la moldura, ondeante de curva y contra curva sobre el arco de cierres, juega caprichosamente, con secciones cóncavas y convexas alternadas. A los estípites, a pesar de ese recargamiento de placas, no les falta elegancia.

 

El ático es tripartita, con pequeña hornacina central, en la que en tiempos se alojó la imagen de S. Luis. En sus entrepaños se precisa, más clara y más caprichosamente, la rocalla.

 

Actualmente está perdida toda relación de esta capilla con la nación francesa, y en la hornacina del ático se alojó, en principio, un delicado Niño Rey, réplica del Niño Jesús de Praga, pero hoy en día se encuentra una imagen de San Alfonso Mª de Ligorio.

 

A ambos lados de esta hornacina hay unos lienzos anónimos, uno de los cuales, el que representa a una santa penitente, tiene el interés de ser uno de los primeros lienzos de la pintura canaria en el que aparece un paisaje, bastante luminoso y transparente, si bien sólo como fondo de la figura.

 

RETABLO DE LA VIRGEN DE LA CONSOLACIÓN

El que fue retablo Mayor de la iglesia del desaparecido convento dominico santacrucero, albergó, después de las oportunas reformas, la venerada imagen del Señor de las Tribulaciones.

 

Este retablo fue a parar a San Francisco después del derribo de la iglesia conventual de la Consolación, en el año 1849. Anteriormente al derribo, ya se había destruido el convento, a raíz de las leyes de exclaustración. Al estar la iglesia apoyada en los muros del convento, ésta amenazaba con caerse, y antes de que esto sucediese fueron repartidos sus bienes entre otras iglesia, yendo a parar la mayor parte de estas pertenencias a la Concepción santacrucera, por ser la de mayor capacidad.

 

El retablo mayor, así como varias imágenes, le tocó a San Francisco, que por aquel entonces era auxiliar de la cercana parroquia del Pilar.

 

No deja lugar a dudas de su procedencia los medallones que hay debajo de las hornacinas laterales, que dicen: "Consolatvr ex aflictorv".

 

Este es un retablo de dos cuerpos: en el bajo hay tres hornacinas, y en el alto tres lienzos, destacando uno adjudicado a Quintana.

 

Llama la atención en su trazado el despliegue dado al arco de la hornacina central, que interrumpe y rebasa el banquillo, recortándose su intradós en forma polibulada.

 

El lugar destinado a sagrario, fue reformado para dar cobijo a la imagen del Ecce-Hommo que actualmente se venera en el antiguo retablo de la capilla de los franceses.

 

Los nichos laterales muestran el frente de sus pilastras solucionado con su sistema de cardina helicoide en torno a vara o eje central.

 

Pero lo que destaca verdaderamente en este retablo es el uso de columnas salomónicas con el primer tercio de talla, y capiteles corintios, siendo de los pocos que hay en Canarias con estas características.

 

Cada hornacina y cada lienzo está limitado por un par de estas columnas, que son pareadas en la calle central, y simples a los extremos, decorándose con tema rosal sus gargantas.

 

Su proporción es acertada: tienen cinco vueltas las del primer cuerpo, con un primer tercio tallado en forma de espléndido jarrón; mientras, en el segundo cuerpo, con cuatro vueltas, ofrecen en dicha zona un motivo floral de botón granulado.

 

Arrecimadas inflorescencias ciñen el emblema mariano que hay en el remate.

 

Debe de datarse hacia los finales del siglo XVII, ya que acabándose ese siglo se trajo desde Las Palmas de Gran Canaria un pintor para estofarlo.

 

La inscripción que hay en un lado del altar ha suscitado muchos malentendidos, ya que dice que don Gumersindo Robayna y Lazo fue el autor del retablo del Señor, y sólo lo fue del nicho en plata donde estuvo la imagen de Tribulaciones, en el lugar destinado a sagrario.

 

Se encuentra habilitado en la nave del Evangelio, junto a la puerta lateral de la iglesia.

 

Su estado de conservación no es malo si tenemos en cuenta el del resto de los retablos, siendo éste el más antiguo.

 

RETABLO DE SAN JOSÉ

La historia de esta capilla, que se encuentra actualmente en la nave de la Epístola, es algo confusa.
 

En el inventario de 1706 consta que se ha traído una imagen del Sueño de S. José con el Ángel, para la cual se le habilita un retablo, todo costeado por D. José Ascanio; debían de adornar una capilla propia. Esta imagen estaba en la sacristía, pero ahora se está restaurando.

 

En la década de los 30 del mismo siglo se construye la capilla de S. José en el claustro. Lo que se ignora es si ésta tiene relación con la anterior o si ambas existieron a un tiempo.

 

Se edificó en el claustro, y fue edificada por el capitán D. Pedro Castellano. Tenía bóveda de enterramiento, arco a la Iglesia, techumbre de madera y una pila de mármol para el agua bendita que le costó 900 reales.

 

Esta fue una de las capillas que quedó incluida dentro de la nave de la Epístola al ampliarse la iglesia a tres naves en el último cuarto del siglo XVIII.

 

En el inventario también se especifica que se construye un retablo dorado.

 

Su traza es más bien simple si se le compara con el retablo mayor, que es de la misma época, manteniendo con éste y los que se hacen por esa época en Santa Cruz un claro parentesco.

 

Realmente este retablo pudiera ser considerado de un solo cuerpo, porque lo que corresponde al segundo debe interpretarse más bien como un ático tripartito, toda vez que se simplifican los elementos arquitectónicos, desapareciendo en él las columnas salomónicas que hallamos en el primero, y determinándose claramente el ático propiamente tal, el que remata a la calle principal, con estípites flanqueantes. Además, a las calles laterales les corresponden solamente lienzos sin más elementos determinativos que los marcos, cóncavo-convexo en su parte superior, que los encierran.

 

En este retablo, los estípites suplen a los machones en la parte central del ático, y determinan los apoyos del arco de la hornacina principal. Su esquema corresponde a la modalidad más simple y pura, concretándose al tronco de pirámide invertida y al capitel de coronamiento, si bien sobre éste cargan su asentamiento unos jarrones que terminan en piña, y el frente y laterales de aquélla se decoran con rico motivo vegetal.

 

En el resto de la ornamentación destacan las conchas que rematan las hornacinas laterales, y la serie de espejos que se superponen a ellas, al igual que en el espacio superior al nicho central y en el cuerpo medio del friso, en el que, además, geminadamente sirve de apoyo a una corona.

 

Por otro lado, no dejan de ser interesantes los pedestales, con perfil de ménsula, en que apoyan las columnas salomónicas laterales, dotadas de cartelas de hinchada talla.

 

Aparte de la buena imagen de S. José en el nicho central, en los laterales hay dos muy antiguas imágenes del Arcángel S. Miguel y S. Rafael. Y en el lugar destinado a sagrario la bellísima Inmaculada Concepción de alabastro.

 

RETABLO DE SAN BUENAVENTURA

Las primeras noticias que se poseen de esta capilla datan de los inventarios de 1721, donde se refleja que a solicitud del padre Francisco de S. Buenaventura Sardo, predicador de la orden, se hizo "un altar y nicho debajo de la tribuna nueva, en que se colocó una imagen del seráfico Dr. S. Buenaventura".
 

Por mediación del mismo padre, en el trienio que va desde 1724 al 27, se hace el retablo para el altar, que fue dorado en 1740.

 

El retablo tiene por características más sobresalientes la aparición por primera vez del almohadillado, sobre todo en la hornacina que sustenta el arco del nicho central; destaca también el uso del estípite.

 

No se tienen noticias del momento en que se trasladó la capilla a su actual emplazamiento entra la puerta de entrada lateral y la capilla del Retiro, puesto que esta nave del Evangelio no se construirá hasta medio siglo después de la primera ubicación del retablo.

 

En el cuerpo superior hay tres lienzos adjudicados a Fleitas; en el inferior, a parte de la imagen ya mencionada en el nicho central, en los laterales se encuentra un S. Francisco de Paula y un S. Blas, y en lugar destinado a sagrario una pequeña imagen de S. Ramón Nonato, que, al igual que todas las anteriores, es muy antigua.

 

RETABLO DE SAN ANTONIO

Escasas noticias hay sobre este retablo, el último situado en la nave de la Epístola.
 

Es probable que éste, al igual que el de San José, fuese de los incluidos en el claustro, quedando en su situación actual tras la ampliación.

 

En los inventario del trienio comprendido entre 1730-33, figura que se construye y termina el retablo, dorándose poco más tarde.

 

Este retablo, pese a ser el más sencillo de la parroquia, no por ello deja de ser armonioso.

 

Es de dos cuerpos, y es el único que presenta seis hornacinas, tres en cada cuerpo.

 

Presenta ciertas similitudes con el de San Buenaventura, sobre todo en la utilización del pilar almohadillado.

 

Entre las imágenes más destacadas está el magnífico San Pedro Alcántara, antiguo patrón del convento, y la Virgen de la Consolación, traída del convento del mismo nombre y que posteriormente pasó a presidir en el nicho central del antiguo retablo del Señor de las Tribulaciones traído, como ya hemos dicho, del desaparecido convento dominico santacrucero.

 

RETABLO DE LA PORCIÚNCULA

    Se localiza en la nave del Retiro y es del siglo XVIII. Se trata de un altar antiguo en cuyo interior se conserva un artístico Nacimiento, que es buena manifestación de arte popular isleño, y puede contemplarse en los días de Navidad, ya que el resto del año se halla cubierto por un lienzo de gran tamaño representando La Porciúncula.

    Entre los objetos del Nacimiento, son dignos de destacarse las imágenes de la Stma. Virgen, la de San José y tres figuras pastoriles, todas de buena calidad. Completa el portal una imagen en pasta-madera del Niño Jesús.

Sobre la mesa de altar se halla colocada, dentro de una hornacina, una pequeña y moderna imagen de San Pancracio.

 

 

ALTARES DESAPARECIDOS

 

Altar de Santa Bárbara.

Colocado en el lateral de la Capilla de la Epístola. Estaba fuera de lugar. El estilo no era el del Templo. Desmontado en piezas, fue entregado al Regimiento de Artillería, al que perteneció como altar de su Patrona, con el fin de que sus principales piezas fueran colocadas en un museo. La restauración del templo exigía su desaparición. Actualmente, se encuentra en la Parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios (Santa Iglesia Catedral) de la ciudad de La Laguna.

 

Altar del Sagrado Corazón de Jesús

Colocado en el lateral de la capilla del Evangelio o del Retiro. Fuera de lugar y de estilo, la restauración del templo exigía su desaparición. De muy mala calidad. Totalmente atacado por la carcoma. Tenía tres peanas en que se encontraban las siguientes imágenes: en el centro, una talla en madera del Sagrado Corazón de Jesús; en la derecha e izquierda, las pequeñas imágenes del Niño Jesús del Remedio y de Ntra. Sra. de Fátima, ambas modernas de pasta-madera. La imagen del Sagrado Corazón pasó a un nicho practicado en la pared del lateral de la otra Capilla. Las otras imágenes se retiraron del culto.

 

Altar de Ánimas

Colocado en la nave del Evangelio, entre los del Nacimiento y Ntra. Sra. de la Consolación. La restauración del templo exigía su desaparición. Fue destruido por estar atacado por la carcoma. (El cuadro de Ánimas pasó al lateral de la Capilla del Retiro). En él se encontraban las imágenes de Ntra. Sra. del Carmen en el centro, en la derecha Santa Teresa de Ávila y en la izquierda Santa Teresa del Niño Jesús. Esta última pasa al nicho superior del altar del Señor de las Tribulaciones antes de ser retirada mientras que las otras dos son retiradas del culto directamente.

 

Altar del Cristo Crucificado

Colocado en la nave de la Epístola, entre los de San José y San Antonio. Fuera de lugar y de estilo, fue sustituido por un nicho en la pared en el mismo lugar en que estaba el altar. En este nicho pasó a colocarse al Stmo. Cristo de la Buena Muerte siendo retiradas del culto las tallas antiguas de María Santísima de la Amargura y San Juan Evangelista.

 

Gruta de Lourdes

Colocado al fondo de la Nave del Retiro, entre la puerta y la columna que está debajo del coro. Hecho de piedra volcánica y cemento. La restauración del templo exigía su desaparición, por lo que fue demolido. En esta gruta se hallaban las imágenes de Ntra. Sra. de Lourdes y Santa Bernadette que fueron retiradas del culto.

 

 

PRESBITERIO DE LA V.O.T.

Este, tal como lo vemos hoy en día, es obra datada en el 1765, cuando se le encarga al maestro mampostero Juan Luis Gutiérrez la recomposición de la cabecera de la capilla, de tal manera que el presbiterio absorba la sala de despojos, y un terreno posterior de 6 varas de ancho y otras tantas de largos paralelo a la calle del Tigre (actualmente calle de Villaba Hervás) y anterior del Huerto, de tal forma que no sólo diese para construir el nuevo presbiterio, sino también una nueva habitación para despojos detrás de éste, la que fue quinta, al ser las anteriores progresivamente incluidas en las ampliaciones.
 

Consta que al mencionado albañil se le paga por este trabajo 397 reales y 4 cuartos, siendo él quien dirige las obras junto con el carpintero Juan Hernández Delgado, al que se le encarga la hechura de la madera, por lo que se puede considerar suyo el artesonado de planta cuadrada de ocho faldones, pintados posteriormente al estilo portugués, al igual que otras carpinterías.

 

El retablo es también del año 1765. En relación con él hay bastante confusión, pues algunos estudiosos lo han datado en los años 1742-45. Sin embargo, no deja lugar a dudas su posterioridad el relato de la inauguración de la capilla ocurrido el 17 de febrero de 1760: “(...) los hermanos determinaron unánimes que como se puede experimentar alguna dilación antes que el retablo se haga, se ponga por ahora el trono y se forme en él altar con la debida decencia y siendo preciso bendecir la capilla y hacer colocación de la Imagen de Nuestro Señor del Huerto se señala para la bendición de la capilla el día 24 de este mes de febrero, y la colocación para el 25 (...)”.

 

Por otro lado tenemos la aportación del carpintero Luis Hurtado a quien en el año 1765 se le abanan 31 reales y dos cuartos por cinco días de trabajo en la composición del sagrario del retablo.

 

Este es de un solo cuerpo en el que se abren tres hornacinas, coronado por un ático donde se aloja un lienzo de la Inmaculada. Se incluye dentro del estilo rococó-chinesco, y ya en los inventario se refleja que los hermanos terceros habían hecho un retablo de follaje. El término "follaje" es extraordinariamente preciso, pues hace alusión a la técnica de su decoración pictórica en la que, directamente sobre la madera, destacan los motivos vegetales, y sobre todo toda una corte de querubines, principalmente alrededor del ondulante marco del ático, así como en el nicho del Señor. También debe de prestarse atención a la persistencia del estípite, en el que el abalaustramiento reduce el tronco de pirámide a su mínima expresión en la sección inferior.

 

En esta obra intervino un tal Romualdo, carpintero, así como Miguel "el pintor", aunque no se sabe exactamente cual fue su actuación.

 

Notas:

 

-RODRÍGUEZ PÉREZ, Antonio: “Antiguo Convento de San Pedro de Alcántara”

 

-   PRESBITIERIO .- INCHAURBE, fray Diego de: "Compilación...". pp.63-5

PADRON ACOSTA, Sebastián: "El retablo de S. Fco.".

L.T. 7-sep-1944

TARQUIS, Pedro: "Retazos ... ". pp. 196-8

TRUJILLO RGUEZ., Alfonso: “El retablo barroco...”. pp. 144-7

- DEL RETIRO.-     INCHAURBE, fray Diego de: "La 3ª Orden... ". pp. 27-9

POGGI, Felipe M.: "Guía histórico...". p. 78

TRUJILLO RGUEZ.- Alfonso: OP- Cit- P- 151

- CABECERA EPISTOLA -      CIORANESCU, Alejandro: "Historia de S/C" II. p. 290

INCHAURBE, fray Diego de: “Compilaciones...”. p. 67

POGGI, Felipe M.: op. cit. p. 71

TRUJILLO RGUEZ., Alfonso: op. cit. p. 199

- ECCE-HOMMO .- TARQUIS, Pedro: “Retazos ...”.pp. 121-3

TRUJILLO RGUEZ., Alfonso: op. cit. p. 107

- S. JOSE .- CIORANESCU, Alejandro: op. cit. p. 290

INCHAURBE, fray Diego de: "Compilaciones ... ". p. 68

TARQUIS, Pedro: “Riquezas ...”. p. 123

TRUJILLO RGUEZ., Alfonso: op. cit. p. 147

- S. BUENAVENTURA .- INCHAURBE, fray Diego de: "Noticias ... ". pp. 141, 148

TRUJILLO RGUEZ., Alfonso: op. cit. p. 163

- S. ANTONIO .- CIORANESCU, Alejandro: op. cit. p. 290

INCHAURBE, fray Diego de: "Compilaciones...". p. 69

- PRESBITERIO V.O.T. – INCHAURBE, fray Diego de: "La 3ª Orden...”. pp. 37,40

RGUEZ. GLEZ., Margarita: "Panorama...". pp. 64, 115-6

TRUJILLO RGUEZ., Alfonso: op. cit. p. 202