
Santo Domingo de
la Calzada
Fiesta: 12 de mayo
(+1109)
Santo Domingo de la Calzada nació
en Viloria,
Álava,
en una humilde familia. Un día, mientras pastoreaba sus ovejas a las orillas
del Ebro, oyó la voz de Dios que le llamaba a su servicio. Acudió al
monasterio de San Millán de la Cogolla, pero no fue admitido. Tampoco en Santa
María de Valvanera, por lo que se decidió por la vida eremítica. Y en los
montes que rodean al San Lorenzo, pasó cinco años dedicado a la oración
y penitencia.
Sucedió entonces que el Papa
Benedicto IV envió como Legado a Gregorio de Ostia, a Navarra y La Rioja, para
que les llevara consuelo en una plaga de langosta que asolaba aquellas regiones.
Cuatro años vivió Domingo en el séquito de Gregorio, con gran provecho
espiritual. Cuando San Gregorio muere en Logroño, Domingo decide quedarse en la
vega riojana, para socorrer a los muchos romeros necesitados que cruzaban por
allí.
En la Edad Media cobró gran
auge—junto con Roma y Jerusalén— la peregrinación a Santiago de
Compostela. De noche, se orientaban los peregrinos por la Vía Láctea, llamada
por ello Camino de Santiago. De
día... Desde Roscenvalles hasta
Nájera estaba bien marcada la ruta del camino francés. Después
se borraba el camino. Veredas inhóspitas, infestadas de alimañas y
salteadores, los montes de Gruñón y Cirueña, los encinares de Carrasquilla,
el valle del Oja, la Bureba burgalesa... Un verdadero riesgo. Ya lo dice el
viejo cantar: "Vos que andáis a Santiago, mire vostra mercé, non ay
puentes nin posadas nin cosa para comer". Si, era una aventura.
Nuestro Santo había encontrado su
vocación: ser el buen samaritano, el ángel protector de los romeros a
Santiago, mejorar los caminos, preparar albergues, movido únicamente por su
deseo de ayudar a los peregrinos.
A Santo Domingo se le atribuyen muchos
milagros. Pero él no ahorró esfuerzos por facilitar el paso a los romeros. El
Santo Patrono de la ingenier Más tarde tala montes y
construye una calzada,
que
llegará a ser su glorioso apellido. Se le agregan muchos para colaborar con él,
y empieza a nacer una ciudad, Santo Domingo de la Calzada "ciudad cortés e
hidalga con la caridad de Cristo que inflamó a su Fundador, por cuyas calles
aparece todavía la sonrisa amable que hace mil años acogía a los
peregrinos".
San Juan de Ortega y Santo Domingo de
Silos, que lo conocieron, atestiguan las múltiples obras de caridad llevadas a
cabo durante más de sesenta años por este benefactor insigne de la humanidad.
Para albergar el sepulcro que conserva
sus venerables restos, se construyó después una hermosa catedral, de arte gótico
primitivo.
Según una bella leyenda, Domingo no se limitó a proteger en vida. Había llegado a visitar su sepulcro un apuesto mancebo, Hugonel. La moza del mesón le provocó. Desdeñada por la repulsa, se vengó la moza introduciendo una copa de oro en la maleta de Hugonel. El supuesto ladrón fue condenado a la horca. Dijeron al alcalde que el mancebo seguía vivo en la horca, y replicó: "Eso será cuando cante esta gallina asada que voy a comer". Y el animalito saltó del plato y se puso a cantar con todas sus fuerzas. Así que, después de muerto, Santo Domingo seguía protegiendo a sus romeros.